Superior y preexistente,
otea el horizonte,

clava punzantes los pétalos
en mis ojos de gelatina.
Retuerce el pensamiento
exprimiendo zumo
de punzantes aullidos
y luego se ríe.
Le estoy buscando,
sé que está ahí
el problema principal
es que nadie sabe donde estoy.
Ojeando el panorama, vislumbrando la deslocación del desierto de hielo me encuentro, hastiado, cansado pero íntegro al fin y al cabo... mera casualidad, práxis inconexa; ¿qué me puede interesar de este angosto páramo infinito? No lo se, no puedo encontrarme en este sinuoso laberinto, donde las sombras son enemigos y yo soy el malo a batir, quién me diría a mí que llegaría a tener esta necesidad de destruirme a mí mismo para, de alguna forma, llegar a encontrarme...
ResponderEliminarNadie sabe donde estoy, pero por alguna razón noto cómo siempre hay alguien aquí cerquita, que me piensa, que me intuye... estoy perdido pero localizado en todo momento por aquellos que ven en mí algo más allá que carne y pellejo :)